Mi ángel.

febrero 27, 2009 at 12:34 am (Uncategorized)

“Algun dia aprendere a sacar mi voz y no esconderla”

Tu eres mi angel, mi angel guerrero. Aunque desees dejarlo todo, aunque desees abandonar y mandar a todo el mundo a la mierda, no lo haces.
Tan solo en el mundo como un monticulo en la Antartida. Tus ojos tristes, tu sonrisa enigmatica, tu aparente tranquilidad, tus miedos, tu soledad… Siempre mirando desafiante al sol. Todo eso es lo que me hace temblar al verte, lo que hace que mi corazon grite cada vez que oye tu voz, cada vez que me dices que me quieres o que suena el telefono. Silencios llenos de palabras…
Te quiero, te quiero por quien eres, tal y como eres. No me importa tu pasado, no me importa que nadie mas vea lo que se esconde tras ese muro.
Tu eres lo unico que me incumbe. Solo tu consigues siempre mi sonrisa, solo tu consigues que sea feliz. Nada existe si no estas conmigo, nadie puede herirme si tu estas conmigo. Mi amor es mi mejor armadura, tus caricias son la mejor cura y tus palabras la mejor espada. Quedate conmigo. Quiero verte a mi lado todas las mañanas.

“El amor es eso que hace que entiendas las canciones de pop”

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La chica más hermosa de la ciudad.

febrero 23, 2009 at 11:04 pm (Uncategorized)

“Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: “No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…” Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.

Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.

Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.

– ¿Tomas algo?
– Claro, ¿Por qué no?

No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

– ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
– Sé, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia…
– La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
– Bonita no es la palabra, no te hace justicia.

Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.

Ella me miró y se echó a reír.

– ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?

Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.

-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
– ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
– Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
– No te preocupes -dije yo.
– Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que querrá con ella
– No -dije-, a mí me duele.
– ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
– Sí, me duele, de veras.
– De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo

Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
– ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
– Por la mañana -dije, y me di la vuelta.

Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.

– Eres el primer hombre que conozco que ha querido hacerlo por la noche.
– No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
– No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.

Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandeciente, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.

– Ven, amor.

Fui.

Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.

– ¿Cómo te llamas? -pregunté.
– ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.

Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.

– Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.

Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.

– ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
– Lo sabía.

Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

Telefoneo una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.

– Esos hijos de puta – decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
– La culpa la tienes tú por aceptar la copa
– Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
– A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.

Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.

– Vaya, cabrón, has vuelto.

Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.

– Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza….
– No, no seas tonto, es la moda.
– Estas chiflada.
– Te he echado de menos -dijo
– ¿Hay otro?
– No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
– Sácate esos alfileres.
– No, es la moda.
– Me hace muy desgraciado.
– ¿Estás seguro?
– Sí, mierda, estoy seguro.

Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.

– Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
– Vale -dije-, tengo mucha suerte.
– No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
– Gracias.

Tomamos otra copa.

– ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
– Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
– A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
– No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
– Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso

Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.

Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi… Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.

– Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
– Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?

La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:

– Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
– Sí -dije-, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.

Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.

Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.

– ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!

Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente “NO”. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.

Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dio el encargado.

– Siento lo de tu amiga.
– ¿El qué? -pregunté.
– Lo siento. ¿No lo sabías?
– No
– Suicidio, la enterraron ayer
– ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
– La enterraron las hermanas
– ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
– Se cortó el cuello.
– Ya. Dame otro trago.

Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel “NO”. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.

Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé “¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!”.

Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.”

Charles Bukowski.

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De caceria.

febrero 15, 2009 at 1:55 am (Uncategorized)

Momento extraño de la noche, los que llegan y los que salen se mezclan entre rancios olores a colonias caras. Ella camina rapido, con pasos cortos, esta inquieta, no puede dejar de notar como la sombra que lleva un rato ya siguiendola le acuchilla la nuca una y otra vez con la mirada.

El camina en silencio, con una calma aparente apenas rota por las largas zancadas, pese a que camina agachado y encogido de hombros el viento azota los mechones de pelo que una capucha oscura no logra tapar del todo, unas gafas negras, unos vaqueros y una cazadora de cuero; su mirada gelida y taciturna parece el unico complemento que vista. Parece morderse el labio, incapaz de contenerse mas.

La presa camina incapaz de evitar lo que pronto le sucedera, puede sentir la impaciencia del cazador, pero esta aterrada, mil alertas surcan su mente, corre, huye le gritan en lo mas recondito de su conciencia, pero su cuerpo esta congelado, camina y camina, deseando que pronto ya termine. Casi sorprendida, mira como sus piernas tiemblan mientras dan otro paso mas.

Y el no aguanta mas, con fuerza se muerde el labio inferior, un atento observador habria notado la palidez de sus nudillos, sujetando con mucha mas fuerza de la necesaria un cuchillo que al alzarse, parece rasgar la noche con un destello.

El no lo sabe, pero el cuchillo ni siquiera resulta necesario, para cuando la aborda ella ni siquiera reacciona, una lagrima solitaria suscribe su silencio al deslizarse por su mejilla, el huele su miedo, le gusta, sin poder controlarse ni un solo momento mas suelta el arma y se apresura a arrancarle el vestido y manosear con violencia sus senos.

Entre sollozos ella se deja hacer, su cuerpo permanece congelado, pero su mente ha escapado muy lejos de alli, abrazandose las rodillas mientras tiembla, se esconde en lo mas oscuro de su mente. Deseando que el no pueda llegar hasta alli.

Entre gruñidos el araña y mordisquea cada centimetro de su piel, moratones y arañazos empiezan a manchar el menudo y tembloroso cuerpecito, pero cuanto mas ataca, mas hambre tiene, no puede controlarlo de repente y sin saber muy bien porque lame las lagrimas, ella tiembla con mas fuerza aun. Y eso le gusta cada vez mas.

De un manotazo, le arranca las bragas, pequeñas, decoradas con motivos infantiles, la vision de su sexo parece enloquecerle aun mas si cabe, la abraza por detras, masturbandola y retorciendole un pezon, mientras sus dientes mordisquean un terso cuello con la piel totalmente erizada.

Ella cierra los ojos, esta muy lejos de alli, nada de esto le esta pasando, tengo que vivir se repite una y otra vez, pero esos gruñidos, guturales, llenos de rabia y ansia la devuelven de golpe a la dura realidad, siente un empujon, el dolor le inunda mientras un hilillo de sangre recorre su entrepierna. No es consciente de lo que le esta sucediendo, se abruma cuando la perspectiva de perder su virginidad acabe de ser tan violentamente cumplida, y tiembla, pero a el le gusta, y no deja de gruñir.

Y entre empujones, gruñidos y sollozos sucede el tiempo, lento, demasiado lento, toda una vida sucede en aquellos instantes, en un ultimo e incomprensible momento de piedad, el decide terminar, pero no dentro de su vientre, la chica deberia agradecerle el favor y ni siquiera es capaz de pestañear, la abofetea cuando sus dientes le hacen daño en su miembro, y eso le gusta mas que nada, tanto que estalla.

Entre lagrimas su boca se llena de algo caliente, sabe lo que es, pero no quiere pensar en ello, una arcada y se dobla sobre si misma para vomitar, y entonces un destello llama su atencion, no piensa, no siente, vomita una vez mas, alza la mano y apuñala, una y otra vez, mecanicamente, sin prestar atencion al hedor que desprenden las tripas que se vierten sobre ella. El cae al fin entre un charco de sangre cada vez mayor, y entre su sangre humeante, ella se acurruca. Ha dejado de temblar.

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Los once individuales.

febrero 13, 2009 at 1:57 pm (Uncategorized)

Y cuando salio la undecima estrella, comenzo la reunion.

Hacia mas de un año del ultimo encuentro, pero alli estaban todos, del primero al ultimo, aunque en ese claro no habia primeros ni ultimos, porque un circulo no tiene principio ni final.

Todos permanecian en silencio, a la espera, pendientes de quien seria el primero en romper con la densa quietud…

Todos estaban alli por la misma razon, algunos apenas se conocian, pero algo mucho mas fuerte que todos ellos los unia; y bien sabian los Dioses que no eran precisamente hombres y mujeres debiles, los que alli se habian reunido de nuevo. Ellos eran los once individuales.

-Ya estamos todos, que comience la reunion… Se oyo decir a una voz ronca.

Y asi comenzo el principio del fin, el fin del principio.

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Warboys

febrero 7, 2009 at 2:07 pm (Uncategorized)

Niños de esta Ciudad, durante la mayor parte de nuestra vida hemos padecido los grilletes academicos. Nuestros padres, nuestros profesores, el Alcalde; adultos de todo tipo han trabajado para mantenernos en esas invisibles cadenas. Nos dicen que no tenemos ningun derecho. Nos dicen que no somos iguales a ellos. Si les discutimos, nos reprenden. Si nos resistimos, nos castigan. Todos los dias nos conducen como ganado a las aulas para obedecer y fingir respeto por unos profesores que nos tratan como animales rebeldes. Los Educadores nos han enseñado pacientemente nuestra inferioridad, hasta el punto que muchos de nosotros hemos empezado a creer en sus palabras.

Pero esta noche los warboys cambiaran el programa. Ya no volveremos a suplicarles para conseguir su favor. No volveremos a temer que se disgusten. No volveremos a escondernos del fracaso. Esta noche, amigos mios, estudiantes y warboys por igual, les hemos mostrado su gran fracaso, el fracaso de someter a nuestra generacion. No creian en nuestra inteligencia, o en nuestra sabiduria, o en nuestra fuerza. Esta noche les hemos enseñado lo equivocados que estan.

Pero, ahora que les hemos demostrado que estamos dispuestos a luchar, demostremos que tambien estamos dispuestos para la paz. Todos hemos aprendido varias lecciones y la mas importante es que una espiral de violencia creciente solo nos puede traer la ruina mutua.

Educadores, Obligadores, adultos de la Ciudad; una vez fuisteis lo que nosotros somos, y sabeis que no podeis detener vuestro propio futuro. Juntos, acabemos con el derramamiento de sangre, y acabemos con la opresion.

Y, en su lugar, !que viva por siempre la libertad!

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60 Segundos (Por Elia)

febrero 5, 2009 at 1:06 pm (Uncategorized)

Me encantas y seria curiosamente inadecuado contradecirme.  Me hechizas y donde quiera que hayas comprado el embrujo pide el antídoto para que deje de desearte.  Como hojas de papel volando entorno a un huracán son mis manos cuando te tengo delante y no te puedo tocar.  Revolotean buscando mi pelo, mis labios, algo con lo que ocuparse ya que tu imán es tan sumamente apetecible que sólo quiero estar cerca de ti.  Hueles a sexo y seguro que sabes aún mejor.  Maldita frustración, que me ataca cuando me miras y me arrincona cuando te pienso.  Déjame saborearte durante 60 segundos mientras espío a escondidas los colores de tu mente.  Desesperante agonía que me mata al no poderte tener.  Odiaré por siempre cuando el verbo “saber” se convirtió en “poder” para ahogarme en las aguas poco profundas de tu esencia.  Quiero tocar la melodía de tu alma recostada en tu regazo con la luz de media luna colándose por tu ventana.  Mareada por el suspense de una historia no contada, no por aburrida, no, no por desalentadora, no, sino por no empezada.  Revuélveme entre las sábanas de tu cuerpo mientras me susurras poemas al oído.  Si sólo fuese capaz de decírtelo…  Frustración: sentimiento desagradable en virtud del cual las expectativas del sujeto no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.  Porque todas las flechas te señalan a ti.  Es desesperante.  Me matas cuando me miras.  Puta perseverancia innata.  Píntame el techo de estrellas, que luzca algo cuando se apague tu sonrisa.  Y olvidarme del mundo si es sin ti…  Y comerme la vida en cuanto te vayas…

Te lo robo un poco elia!

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Embalses.

febrero 4, 2009 at 10:52 pm (Uncategorized)

Unos crujidos apenas imperceptibles que lo dicen todo. Sirenas. Todo el mundo corre a ponerse a salvo. El rio baja enfurecido y el embalse apenas resiste.

CRACK!

Todo estalla, las emociones se descontrolan y las lagrimas no dejan de correr por las mejillas.

Dejame llorar hasta que todo haya pasado.

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Animas S.A.

febrero 3, 2009 at 2:11 pm (Uncategorized)

Esta atardenciendo. Llueve a cantaros, hace un tiempo de perros. Entre los fogonazos de los faros de los coches, de repente se percibe una figura.

 Es una chica, menuda, parece caminar encogida sobre si misma, calada hasta los huesos. Camina despacio, sin rumbo, absorta en sus pensamientos, en la musica que unos cascos rosa fucsia llevan a sus oidos. En seguida llama nuestra atencion, sus zapatos rojos, un lazo medio desecho por la tormenta… Todo parece fuera de lugar en esta escena.

Nos acercamos un poco mas al percatarnos de las lagrimas de su rostro, pero por cada paso que damos ella parece alejarse dos. Un subito estallido de culpa nos embarga mientras se aleja cada vez mas. Sin saber si son lagrimas o lluvia lo que corre por nuestras mejillas, en seguida corremos a abrir el paraguas. Y ella si gira…

 Sus ojos tristes brillan en la oscuridad, ella sonrie. Estoy en casa se dice a si misma. De repente ya no llueve, el mundo parece un poco mas calido…

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Mein herz brent!

febrero 1, 2009 at 12:31 pm (Uncategorized)

Ahora, queridos niños tener cuidado
soy la voz de vuestra almohada
os he traído algo
me lo he arrancado del pecho
con este corazón tengo el poder
para ejercer sobre vuestros párpados
cantaré hasta que amanezca
veo un brillo claro en el firmamento
mi corazón arde

Os visitan de noche
demonios, espíritus, hadas negras
salen del sótano
y verán debajo de vuestras sábanas

Queridos niños tener cuidado
soy la voz de vuestra almohada
os he traído algo
veo un brillo claro en el firmamento
mi corazón arde

Os visitan de noche
y os roban vuestras lágrimas calientes
esperan a que salga la luna
y las introducen en mis venas frías

Queridos niños tener cuidado
soy la voz de vuestra almohada
os he traído algo
veo un brillo claro en el firmamento
mi corazón arde

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