Furgo parte 2

marzo 12, 2014 at 3:05 am (Uncategorized)

Pasamos la noche juntos en silencio, demasiado asustados para cuestionar en voz alta lo que había ocurrido. Mientras me abrazaba con Laura pensé en si el sol también habría desaparecido. Me quede durmiendo soñando en que quizás no hubiese un mañana.
Me desperté con un rayo de sol en la cara, el resto ya se habían levantado y estaban recogiendo el campamento. No dije nada y me dispuse a ayudar, terminamos pronto azuzados por el susto de la noche anterior y nos metimos en la vieja furgoneta.
Durante el viaje de vuelta no hubo música ni porros, solo silencio y caras largas. No nos encontramos con un coche durante todo el trayecto, ni siquiera en la entrada a Madrid. Era evidente que algo estaba pasabando pero ninguno nos atrevíamos a decirlo.
Toni condujo la furgoneta por un Madrid vacio, era como en las películas de zombies amerícanas pero sin caos ni ninguna cosa rara. Cuando llegamos al barrio seguíamos sin haber visto a nadie, quedamos en separarnos para volver a nuestras casas, pero en caso de que ocurriese algo raro volveriamos a reunirnos en la furgo.
Fuí corriendo a casa, ni siquiera me sorprendió no encontrarme a nadie. Comprobé que funcionaba la corriente y encendí el ordenador. Miré el facebook, doce notificaciones y ningún mensaje, comprobé las notificaciones. Nada importante, pero sobre todo, nada a partir de la noche en que las estrellas desaparecieron.
Las páginas de los periódicos funcionaban perfectamente, pero no habia ningún contenido ni ningún mensaje a partir de la noche anterior. No hablaban de ninguna cosa extraña que pudiera explicar lo que pasaba.
Antes de apagar el ordenador se me ocurrió postear lo siguiente en mi muro de facebook: “Estamos vivos, todo el mundo ha desaparecido. ¿Queda alguien ahí?”. Metí algo de ropa de abrigo en la mochila y salí de casa.
Era el primero en llegar a la furgo, me arrepentí de no llevar ningún porro encima, Cintia se había llevado la roca, para matar la ansiedad me fuí al chino a comprar tabaco. Saqué todo el dinero que pude de un cajero y entré a la tienda. No había nadie pero no me costó encontrar el cartón que el chino escondía bajo el mostrador. Cogí el paquete y dejé un billete de cinco entre los chicles.
Cuando Cintia llegó me había fumado medio paquete de tabaco ya, agradecí los porros y me líe uno bien cargado. Cintia estaba nerviosa pero no parecía asustada, rechazó el porro y con una sonrisa me dijo: “¿Es que no te das cuenta? Tenemos el mundo para nosotros solos”. Asentí en silencio y seguí fumando.
Laura llegó poco después, me saludo con un beso en la boca. Actuaba como si nada raro pasase. Se sentó a mi lado y me pidió un cigarro. Tenía ojeras y le costó encenderse el piti de lo que le temblaban las manos. Miré a Cintia que se paseaba llamando a gritos a cualquiera que pudiera escuchar y abracé a Laura con fuerza.
Toni tardó casi una hora en llegar, venía cubierto de anillos y cadenas de oro y vestía un abrigo de visón de señora. Nos reímos de sus pintas y aflojamos algo de tensión. Pese a todo miré a Toni y percibí una sombra de miedo en su rostro. Había robado en las mejores tiendas del barrio y ni rastro de la policía.
Propuse marcharnos de la ciudad en seguida, pero Toni quería aprovechar la nueva situación y disfrutar de Madrid, las chicas se apuntaron a su plan. Toni y yo nos fuimos al centro a ver si nos conseguíamos unos cochazos y las chicas se fueron a Serrano a probarse toda la ropa de lujo que pudieran.
Cerca del congreso de los diputados encontramos un A8 y un Ferrari rojo, aún tenían las llaves puestas. Toni se fué con el Ferrari y yo me quedé con el Audi. El coche tenía todos los extras, pensé en que bien podría ser el coche de un ministro y sonreí mientras conducía por medio de la calle Preciados, desierta como nunca la había visto.
No había comido desde hacia horas, así que me metí en el Corte Inglés y di rienda suelta a mi instinto. Me divertí como no lo hacía desde que era un niño. Di mordiscos a los jamones de pata negra, bebí a morro del mejor champagne y metí la cabeza en una tarta gigante.
En la sección de libros encontré uno de zombies, “Guerra mundial Z”, me pareció apropiado. Busqué una cama cómoda y tras leer apenas unas páginas caí redondo. Soñé con zombies y con estrellas. Soñé con besos de campamento y ministros. Pero sobre todo soñé con Cintia y eso me disturbó mas que nada.

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